Feliz Año 2000

Parece que el siglo XXI se anuncia como la más grande revolución de la Humanidad. Hace ya millones de años que la Humanidad apareció sobre la Tierra.

Nuestros ancestros han aprovechado este tiempo para descubrir y aprender a utilizar el fuego, fabricar herramientas, y continuar desarrollando las artes y técnicas. Han descubierto diversas fuentes de energía pasando de la madera al carbón, al petróleo, y hoy, el hombre tiene el dominio de la energía atómica. La revolución industrial ha reemplazado la mano por la máquina transformando nuestra vida mas allá de toda imaginación.

Vivimos en un lujo y un confort desconocidos para nuestros ancestros. Vivir sobre el agua o en los cielos, ir a Marte, no son sueños imposibles. Es fácil estar informados de todo lo que pasa a cada instante en el mundo sin movernos de nuestra casa.

A estos grandes éxitos de la civilización y de la cultura corresponde una parte de sombra. La miseria, la guerra, el hambre, las enfermedades incurables, la polución que se extiende por la tierra, los océanos y los cielos, son los productos de los deseos incontrolados y errores de la humanidad.

Es nuestra responsabilidad personal retornar a la naturaleza profunda de la humanidad, de reencontrar el camino justo de la vida y de seguirle sin errores.

Trozos de vidrio, de nácar y de porcelana pueden formar un maravilloso mosaico. Si uno de nosotros falta o no está en su sitio, el mosaico del Universo está incompleto. Es importante comprender que quienquiera que sea la persona que falte, sea uno mismo o el otro, una sola ausencia entraña la no plenitud del Universo. Cada elemento de la totalidad es indispensable, y no nos corresponde decidir quien puede o debe ser eliminado o marginado.

La ley natural quiere que se viva y se conozcan los unos y los otros y que se ayuden mutuamente. El mundo que la divinidad ha creado debe vivir según la ley divina. La primera misión de la humanidad es la evolución común y mutua no solamente del hombre sino de la tierra entera. El AI, (Amor) enseñado por O’Sensei es el motor de esta evolución. El Amor es de alguna manera otro nombre de la Madre Tierra. Ella da nacimiento a todas las cosas, vela por su desarrollo y por su desaparición, a fin de que el ciclo de la vida y de la muerte no se interrumpa.

Importa pues vivir haciendo nuestra la ley del Amor, llevando en nuestro corazón el poder del Amor de la Madre Tierra.

Esto nos lleva a nosotros, practicantes de Aikido a transmitir esta enseñanza con nuestra mejor capacidad. Es preciso pues, adelantarse a este período de evolución para colaborar en el establecimiento del Paraíso sobre la Tierra que soñaba O’Sensei.

Yo ruego desde el fondo de mi corazón para que este año 2000, que es un puente hacia el siglo XXI, empiece con los mejores auspicios y deseo a todos la más grande felicidad.

Feliz año,        N.Tamura