Bras, 1 de Enero de 1998

Feliz año y mis mejores deseos.

Espero que este nuevo año sea para todos más maravilloso y más rico que el pasado.

Dentro de 730 días entraremos en el año 2.000. El siglo XXI será el siglo de la cultura espiritual.

El siglo XX, demasiado orientado hacia el mundo material, ha generado un creciente concierto de contaminación, epidemias, catástrofes, hambre y guerras.

Ante esto, urge cambiar de dirección. Ya empiezan a venderse entradas de competiciones deportivas, cabarets, restaurantes, y conciertos, para las ceremonias que marcarán el fin de siglo y el paso al siguiente. Nosotros también hemos de preparar esta fiesta que será única y hacer lo posible por disfrutarla plenamente.

El próximo siglo no sólo es el problema de la Humanidad, es sobre todo el de la posibilidad para todos los seres de la Tierra de desarrollarse juntos y en armonía. Todos los seres vivos tienen su propia finalidad y gozan de su vida, es un derecho que no prescribe. Los hombres llevan un sueño en su corazón y pueden transformarlo en realidad. Si por el contrario, llevan en su corazón angustias o miedo, del mismo modo pueden hacerse realidad. Por esto importa llevar en sí mismo la alegría, la belleza, y la paz, para poder manifestarlas.

Por lo tanto, deseo que este año podáis poner en práctica ideales cada vez más elevados que os hagan progresar. Dediquémonos todos a la felicidad común. Para ello es preciso empezar a trabajar sobre uno mismo y transmitir esa alegría a la familia, a los parientes, a los amigos, a la sociedad.

Vuestro deseo, mi deseo, el deseo de todos, resonarán juntos para construir de acuerdo la gran familia humana.

N. TAMURA