1.999                                                                                                                             N. Tamura

Bras, 1 de Enero de 1999

        Feliz año a todos. No queda más que un año antes del año 2.000, tan sólo 365 días nos separan de él. El último año del siglo es como el último día del año.
        En Japón, para recibir como es debido el año nuevo, empezamos por una limpieza general de toda la casa, de la oficina, del dojo... Es costumbre resolver los problemas en curso, deudas, pleitos mal resueltos, y organizar "fiestas del olvido" (bonenkai) para poder abordar el año nuevo sin tener que arrastrar los problemas del pasado.
        Este año 1999 es para nosotros el año de la gran limpieza, hemos de limpiar las diversas clases de suciedad, porquerías y ponzoñas que hemos creado y acumulado: contaminación, guerras, pobreza, corrupción, violaciones de los derechos humanos....Erradicar las enfermedades, alargar la vida, vivir feliz y disfrutar de las comodidades modernas; la humanidad siempre ha querido progresar, pero los resultados no siempre han seguido el curso deseado.
        Aprovechemos pues esta ocasión para volvernos y reflexionar sobre nuestras acciones pasadas, sólo cuando hayamos puesto orden a todo esto, podremos elaborar un programa de actuación para el siglo XXI, conservando, para desarrollarlo mejor, lo bueno del XX. Pero, ante todo, hay que reflexionar bien para no repetir los errores del pasado.
        El camino que debemos buscar y encontrar es el de la felicidad del hombre o, mejor dicho, de los hombres, de los animales, de las plantas, de la tierra y de todo el universo; más que la igualdad, sentido de la comunidad; en vez de la guerra, la comprensión mutua.
        Una economía, fundamentada en la ecología, donde todo sea reciclable. Compartir y utilizar racionalmente los recursos, que no son inagotables, de nuestra tierra.
        Henos de pensar también en una metodología de vida que permita vivir largo tiempo y disfrutar plenamente.
        Todo esto es posible, aquí y ahora, para cada uno de nosotros, pongamos manos a la obra, sin más rodeos, en esta gran tarea de purificación.
        Demos el primer paso en la vía del Amor y la Armonía trazada por O'Sensei.