Labrando un Arte

Osawa Shihan en Madrid Marzo 2018

Un post de Julio Maestre

Cincuenta años son toda una vida, cincuenta años para vivir un arte. Una multitud en seiza saluda al kamiza, el lugar de honor, al profesor, a sus compañeros,…Es un curso que viene de antiguo, una progresión en el aprendizaje, que aborda entre otros: el dominio de la postura y la ejecución de los desplazamientos correctos, el manejo adecuado del kamae, la biomecánica y rotación de la cadera, la alineación de las manos con los pies y el creativo uso de las técnicas con una adecuada inmovilización o proyección.

Una y otra vez incide en conceptos intangibles como: expresiones y gestos corporales; ritmo y control de la respiración; armonía de movimientos con los estados de concentración; desapego a toda emoción psíquica, adecuado dominio de los tiempos; respuesta acción-reacción. El equilibrio como factor compensador de las fuerzas lo fundamenta en el control del peso y de un adecuado uso de las direcciones (neutralizando así cualquier tensión). Logra un estilo escueto y funcional, optimiza sus recursos energéticos y ensalza con sencillez y belleza la asombrosa eficacia de la técnica.

Osawa apuesta por unos valores atemporales a la hora de ejecutar la técnica: funcionalidad, energía, sencillez y belleza en los movimientos cotidianos, consiguiendo fusionar de esa forma la armonía con el movimiento natural, uniendo el gesto minimalista con la fuerza y energía que surge del centro. Su objetivo es la optimización del todo, la armonía absoluta. Son técnicas y gestos que tienen vida y que no son sólo un aporte a las necesidades reales en un combate, sino también a nuestra realidad interna, a ese espíritu que habita en nuestras entrañas.

Es un curso que hay que valorar en su justa medida, técnicas que va puliendo a lo largo de la clase, nunca en una sola dirección, cambiante y de exigencia para la atención, los diversos espacios en los que divide cada explicación nos cautivan, como si de historias dentro de la historia se trataran, con pasajes ora tranquilos, ora apasionados, impactantes o de pura emoción que los mezcla sin ningún problema creando una amalgama de sensaciones únicas, que emboban por su genialidad.

Tiene esa capacidad para captar la chispa del momento; el retrato que logra de la técnica detiene el tiempo para convertirse en instantes eternos. Exprime cada técnica paso a paso con un purismo absoluto, hasta plasmar la sutileza de cada gesto y de cada movimiento; paso 1, paso 2, paso 3, para luego dejar atrás todo academicismo y renacer con la certeza de que había que alejarse de la realidad para capturar la esencia de las cosas, yuxtaposiciones que resultan sorprendentes y desconcertantes.

Previous Image
Next Image

Todo lo aprendido consigue gratificar nuestros sentidos, cada elemento técnico incorporado nos transmite una sensación de confort y seguridad consiguiendo un resultado sorprendente y armonioso. Lo sofisticado se adecua a lo simple y se dedica una atención especial a preservar la correcta distancia de la técnica consiguiendo que se adapte de una forma totalmente natural, manos y pies se sitúan espontáneamente.

La técnica la confina en el espacio-tiempo. Consigue forjar un espíritu sin sustancia, logra el vigor sin cuerpo, la fuerza sin masa, una técnica fundida con el ser, la libre expresión del gesto en el aikido. Muestra una técnica serena y profunda, con una clara jerarquía de movimientos, manteniendo el sentido de la distancia, el arte de separarla correctamente, el no confundir el gesto, la prodigiosa multiplicidad de técnicas, opuesta a la caótica confusión provocada por la agresión, consigue que prevalezca pues, la maestría del instinto.

Ha logrado alcanzar un equilibrado sentido de la distancia, del tiempo adecuado, de los distintos ángulos y grados, en definitiva de una determinada visión del conjunto, del tacto de los matices. Actúa con la seguridad del que no piensa, pues su adiestramiento es tal que su cuerpo responde solo, y reacciona no cuando considera que es preciso, sino cuando es preciso, sin más. Canaliza las técnicas en el tiempo de un parpadeo, algo que sólo se puede conseguir a través de años de adiestramiento, de preparación mental y de voluntad grabada a fuego en el corazón.

La sensación es de que nunca es tarde para disfrutar de lo desconocido cuando se sirve en recipientes de esta índole, y Osawa nos ofrece un curso hecho para el placer de quien ama el budo, es una experiencia de pequeños instantes olvidados en el tiempo y que los sentidos agradecen.

Ya navego en lo profundo
lejos de esta tormenta,
ahora ya sé que la técnica no se encarga;
llega.

Es un curso homenaje a toda una vida dedicada a la docencia del arte del sable sin espada. De alguien que nos ha mostrado que es feliz con la enseñanza, con la labranza, alegre por adquirir un oficio incomparable y ponerlo al servicio del otro. Esa pasión da a su menor gesto una fuerza totémica.

A lo largo de estos cincuenta años, Tomás Sánchez Shihan, ha logrado acumular en su existencia una suma casi infinita de vivencias estrictamente personales con sus alumnos, instantes únicos que conforman una experiencia tan plena como rica, vivencias que dan sentido a una vida.

Homenaje que es una invitación a andar un camino, un surco en el tiempo rico en pasiones por un arte que todos los aquí presentes compartimos. Ver que cada paso que ha dado en su vida ha sido dado con ligereza, sin forzar nada, sin crear más ego, se clava en nuestro recuerdo.

Escrito quedó en mi alma vuestro gesto, tal vez sea la mejor manera de agradecer toda una vida dedicada a enseñarnos el camino.