Maravillosa experiencia vitalista
Aikido en Sevilla
Un post de Juan Luis González
Muchas gracias a la asistencia al curso de Sevilla desde Granada, Córdoba, Málaga y León, ésta vez.
Y, hola de nuevo a todos los que pensamos el aikido como una maravillosa experiencia vitalista.
En éste segundo encuentro sevillano con el Maestro Roberto quiero mostrarme mucho más conciso y directo, pero también más contundente y rotundo, para describir determinados aspectos definitorios de éste periplo, e intentaré hacerlo con cierto orden.
Comenzaré con una merecida mención y enjuiciación exaltatoria del grupo sevillano en sí, ensalzando su labor, una labor de ya total entrega y compromiso, sí, pues éste grupo transfunde un, repito, total compromiso, tanto en el plano organizativo como en el ávido interés por asimilar todo lo que el maestro les vuelque, es decir, un recibimiento sin pestañeo alguno de la enseñanza, que por cierto no fue poca precisamente.
El Maestro Roberto volcó, como expresión castiza ” maniroto”. Hubo, y así fue y se produjo, una natural conexión y cohesión, sirvan las dos acepciones, total y favorable y, de seguro, muy productiva para todos.
Ante tal situación, Roberto nos vertió su mejor interés en todos los aspectos, por lo que quedó un balance del curso de tal productividad que quedará instaurado en los asistentes para, en el tiempo lentamente, ir surtiendo su fruto aflorando poco a poco y en los meses, incluso años, subsiguientes.
Sencillamente exacta la idea y exacto el contenido y resultado para todos los que vivimos esa jornada.
Los matices de shihonage ura, kokyuho ura, e ikkyo ura, de la mañana, unidos y perfectamente ensamblados con los de ushiroryote y katadori, desarrollados en doble sentido de giro, en contra y a favor del movimiento del uke, no fueron más que un simple pretexto del Maestro para hacer valer que el aikido en sí basa su fuerza en una muy discreta, pero sólida unión, en un momento y lugar oportuno, fácil y difícil a su vez de comprender y plasmar.
La concepción de la idea, descrita en el pasado por Tamura como Kinonagare o Kokyuryoku, y sobriamente resumida y plasmada hoy por Roberto, la conjunción de intenciones Dori-Uke en el mismo espacio-tiempo, complicidad y simplicidad de conceptos, deba darnos bastante trabajo de pensamiento a todos a partir de ahora.
Vuelvo a contar la insistencia del Maestro en la búsqueda permanente de la difícil ejecución de la simpleza, tal que nos deja en una situación que debamos y deberemos madurar y meditar muy despacio para mañana. Y termino repitiendo y alzando su especial preocupación de, un “ni retrasar ni apresurar”, junto con “nula creación de ningún tipo de conflicto” ni dentro del tatami ni en situaciones externas al tatami, como esencia de Aikido.
Pues bien, he pretendido describir en poco lo mucho vivido, y nos toca ahora calentarnos la cabeza sobre el curso realizado, y creo que bien merece la pena. Sobre el Maestro Roberto convendréis conmigo mi decisión de que me sobra la palabra, puesto que deba ser para permitir a cada cual su valoración y vivencia personal, por lo que no digo más.
Un abrazo a todos y muchas gracias al Maestro Roberto, y dicho como palabra más sencilla. Así tuve el honor de haber dicho.