Tradicional curso del Maestro Tomás Sánchez Shihan
Marzo 2012
Un post de Ángel Martínez
La delegación de Aikikai España de la regia ciudad de León ha tenido el placer de albergar un año más un acontecimiento tan grato como instructivo. Con la asistencia de unas cien personas llegadas de todo el norte peninsular y en algunos casos de lejanos puntos de nuestra geografía, se llevó a buen fin la intensidad de tres jornadas memorables de práctica y de sudor.
Según la sabiduría de un antiguo maestro oriental, es preciso en la práctica marcial que no haya ningún movimiento exento de sentido. Ese es uno de los obsequios implícitos en las clases que imparte nuestro director técnico: mucho más allá de un mero muestrario de técnicas o exhibiciones acrobáticas como vemos demasiado a menudo, Tomás Sánchez en el desarrollo de su enseñanza llega a hacer clara y contundentemente partícipes a los alumnos de su visión particular y gran evolución técnica, y sobre todo es capaz de hacernos intuir alguna de las sensaciones más delicadas que ha desarrollado en su práctica del Aikido a lo largo de tantos años. Como bien se ha dicho, “La enseñanza es un contagio”.
Al igual que el maestro Tamura hacía incluso en sus últimos momentos de mayor debilidad y enfermedad, nos acostumbramos de la mano del maestro Tomás a aparcar la pereza y a realizar, por ejemplo, los ukemi inexorablemente al principio de la práctica: un ejercicio constante de autodominio y, por qué no, de humildad. De la misma manera, hemos podido reflexionar sobre esas técnicas y ejercicios básicos, que a pesar de sobradamente conocidos se pueden contemplar desde un ángulo distinto, y que además en sí mismas son deliciosas y bajo la dirección de un guía competente ayudan a vislumbrar o quizá intuir algo de lo que debe ser quizá la esencia oculta y el hilo conductor que une (Ai de Ai-kido) y da significado a las diferentes y múltiples manifestaciones técnicas de este arte.
Como cierre del curso, el domingo por la mañana se celebraron exámenes de tercer dan, con resultado satisfactorio y obtención del grado por parte de los tres candidatos aspirantes. Y no por menos agradable dejar para el final la vertiente gastronómica y lúdica del viaje, con la visita a la bella ciudad y su barrio húmedo, clásico lugar de encuentro alrededor de la Catedral y asiento de miríadas de tascas y restaurantes.
Gracias por tanto al director técnico por su confianza y a los asistentes al curso por su esfuerzo y paciencia una vez más, y esperamos una próxima edición aún más agradable y una reseña del cronista quizá más concisa…